Mil palabras se mezclaban y parecían tantos hablando a la vez…

Logré, entre tanta locura, encontrar un silencio. Y entonces empecé a escucharlas bien.

Alguien le pedía perdón a la vida por las veces que no la vivió.

Otro entendió que hoy era el mañana que tanto le preocupaba ayer.

Ella supo que el problema era que creía que tenía tiempo.

Él seguía asustado porque lo prometido era duda.

Alguno se debía tantas disculpas…

Otra vio que esperar no era la mejor forma de ser libre.

Uno comprendió que regalando su tesoro también era pobre de espíritu.

Alguna quiso dejar de llegar a todos a la vez, para poder llegar a alguien alguna vez.

Ah.

Y también alguien pedía que apagaran las luces y encendieran las estrellas.

Cuando todo cesó, hablé yo. Y fui consciente de que la voz que salía de mi boca era la misma que había escuchado pronunciar todas esas frases antes. Éramos nosotros desde el principio.

Nosotros antes o nosotros después. El tiempo aquí no lo curaba todo y parecía que importaba menos.

Pronuncié algo que nunca supe si era para mí o para ti.

No te adaptes a lo que no te hace feliz. Porque los ojos no brillan hablando de cualquiera.

Eres demasiado para ser suficiente.

X.

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