Sobre amar, morir y renacer.

Hoy en día, parece que la apariencia sea más importante que la esencia. Son tiempos retorcidos donde detectar el valor y la verdad se hace tan complicado, que cuando lo logramos el placer es eterno. La erótica de la esencia. Y nuestra esencia es un abrazo entre luz y sombra. Brillo y oscuridad.

La apariencia que pide este mundo no te permite caer. Es un pecado. No te permite declararle una guerra a tu otro yo. Y si lo haces, te señala y te pone en el bando perdedor. Qué idiota es este mundo a veces… Y qué ignorante es la apariencia. Lástima por ellos, que jamás librarán esa batalla compleja que nos lleva a exprimir el máximo de nuestra profundidad. Porque no hay fortaleza sin aceptar el miedo. Una catarsis real solo nace desde la oscuridad.

A veces hay que tocar fondo para encontrar el camino que te lleve a lo más grande. No es fácil. Y suele ser un viaje solitario y silencioso, rodeado de máscaras y música. Pero nuestra próxima gran versión de nosotros mismos nos espera al otro lado del proceso de sombra. Además, limpia. Aparta de tu camino lo innecesario. Desenmascara a las personas. Te destierra, preparándote para reinar en el siguiente nivel.

El sabio dijo que es imposible renacer si antes no has quedado reducido a ceniza.

“Como las personas, las estrellas nacen, crecen y mueren. Sus lugares de nacimiento son enormes nubes frías formadas por gas y polvo, conocidas como 'nebulosas'. Estas nubes comienzan a encogerse por obra de su propia gravedad.

A medida que una nube pierde tamaño, se fragmenta en grupos más pequeños. Cada fragmento puede finalmente volverse tan caliente y denso que se inicia una reacción nuclear. Cuando la temperatura alcanza los 10 millones de grados, el fragmento se convierte en una nueva estrella.”

Por lo tanto, para que una estrella nazca hay una cosa que debe suceder: una nebulosa gaseosa debe colapsarse. Desmoronarse. Y, a priori, destruirse.

Entonces, puede que caer no sea un pecado. Y morir sea la única posibilidad para renacer. A veces marcharte es lo único que te permite volver. Puede que entonces veamos claro que sin sombra no hay brillo y que perderse es, a la vez, encontrarse.

Nada que valga la pena será sencillo. Nadie que valga la pena lo habrá tenido fácil. Y es que tal vez, esa sea la clave para encontrar el camino más feliz y descubrir a las personas más valiosas.

La luz es fácil de amar. Enséñame tu oscuridad.

X.

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